La primera decisión equivocada en un proyecto de oficina se toma mucho antes de abrir un plano: cuando se elige el mobiliario antes de entender cómo trabajan las personas. El espacio habilita comportamientos concretos: los hace fáciles o los vuelve inaccesibles. Por eso hay que invertir la secuencia: primero los datos, después el layout.
El punto de partida: el día tipo
Mediante entrevistas y encuestas reconstruimos el día tipo de cada equipo. Cuánta parte del día se dedica al trabajo individual de concentración, cuánta a la colaboración y de qué tipo – entre dos personas, en grupo, de manera informal o estructurada – y cuánto tiempo se pasa fuera de la oficina. De la encuesta emergen tanto las necesidades declaradas como las latentes: las que las personas expresan y las que el espacio debe acoger aunque nadie las nombre de forma explícita. Devolvemos los resultados a la dirección: es a partir de la discusión de estos datos donde toma forma la visión del nuevo espacio.
De los datos al macro layout
La encuesta produce cifras y proporciones. A partir de ahí se construye el macro layout: la elección de dónde situar las áreas de trabajo individual, las colaborativas y las áreas de apoyo – salas de reuniones, espacios para llamadas, zonas de transición. El macro layout no es un layout: es un mapa de las relaciones entre funciones. Convertir esas cifras en puestos de trabajo, entornos de trabajo y metros cuadrados es tarea del software propio de ARCHIlabs, desarrollado a lo largo de más de veinte años y de 2,7 millones de metros cuadrados de proyectos. El estándar BOMA aporta la base objetiva para dimensionar los espacios de forma medible, sin recurrir a estimaciones ni a hábitos del sector. Es el primer documento sobre el que se toman decisiones compartidas, antes de dibujar un solo centímetro.
Los entornos de trabajo y la planificación de espacios
Una vez definido el macro layout, se diseñan los entornos de trabajo: los ingredientes de la planificación de espacios, uno para cada actividad registrada por la encuesta. Un entorno de trabajo no es mobiliario: es la combinación de características espaciales, acústicas y tecnológicas que hace posible una determinada actividad. Solo en este punto se pasa a la planificación de espacios, después al interior design y por último a la ejecución. Cada fase produce un entregable que el cliente aprueba: el recorrido es secuencial y sin atajos, y las decisiones se toman en orden.
Un equipo multidisciplinar, hasta la ejecución
Diseñar bien no basta si después la ejecución dispersa las decisiones tomadas. Por eso ARCHIlabs reúne las competencias que requiere un proyecto de oficina: arquitectos, ingenieros – mecánicos y eléctricos – urbanistas y figuras especializadas. Así el proyecto integra los aspectos espaciales, de instalaciones y normativos desde el principio. Durante la ejecución el estudio gestiona cada fase: dirección de obra, dirección artística, pruebas y actividades especializadas. Un único interlocutor acompaña el proyecto desde el primer dato hasta la entrega, manteniendo la coherencia entre lo que se ha dibujado y lo que se construye.
Adónde lleva este recorrido
Una oficina diseñada en este orden es medible: sabes cuántos puestos de trabajo, qué combinación de espacios, qué densidad. También sabes qué estás eligiendo cuando te apartas de los datos. El resultado puede ser una oficina Activity-Based, una Community Based, o algo intermedio: la forma depende de los datos recogidos, no de una preferencia estética ni de una moda pasajera.