Hoy cualquiera puede lanzar una encuesta. Recoger los datos sobre cómo trabaja una empresa es el paso fácil. Lo que marca la diferencia es leerlos: convertir horas de concentración, reuniones y presencia en metros cuadrados y entornos de trabajo que funcionan de verdad. Aquí entra el software propio que ARCHIlabs ha desarrollado a lo largo de más de veinte años.
El dato en bruto no basta
Los números de una encuesta – cuántas horas de concentración, cuánta colaboración, cuánta presencia en la sede – son un punto de partida. Para traducirlos en espacio hacen falta un método y un punto de comparación. Sin un benchmark, cada cifra sigue siendo una opinión y cada dimensionamiento una estimación.
Veinte años de proyectos, 2,7 millones de metros cuadrados
Nuestro software se apoya en un dataset propio reunido a lo largo de más de veinte años de trabajo y 2,7 millones de metros cuadrados diseñados: cada proyecto medido enriquece la referencia. Sobre esta base se añade el análisis de las investigaciones de Gallup y de otros organismos internacionales sobre trabajo y compromiso. Es la comparación con este conjunto de datos lo que convierte los números de una sola empresa en decisiones bien fundadas.
De las necesidades a los metros cuadrados y los entornos de trabajo
El software cruza los datos del día tipo con el benchmark y los traduce en cifras de proyecto: cuántos puestos de trabajo, qué ratio de escritorios compartidos, qué áreas de apoyo y cuántas, cuántos metros cuadrados para cada función. El estándar BOMA garantiza que esos metros cuadrados se midan de forma objetiva. El resultado es un dimensionamiento basado en el uso real.
Leer los datos marca la diferencia
Una encuesta se puede replicar en una tarde; un dataset de veinte años y la forma de leerlo tardan tiempo en construirse. Es la diferencia entre recoger respuestas y obtener resultados: el mismo cuestionario, en manos distintas, produce oficinas distintas. El valor de ARCHIlabs está en lo que ocurre después de recoger los datos.
La encuesta recoge la pregunta. La respuesta está en cómo se leen los datos, y ahí es donde veinte años de proyectos marcan la diferencia.