El espacio de trabajo casi nunca aparece en los reportes ESG de las empresas que lo ocupan. Y sin embargo incide en las tres dimensiones: en los consumos del edificio, en la calidad de vida de las personas que trabajan allí, en la eficiencia con la que la empresa gestiona su patrimonio inmobiliario. Llevar el espacio dentro de la estrategia ESG exige medirlo – con herramientas que ya existen.
Las tres dimensiones, cada una con sus indicadores
En el frente Ambiental, el espacio contribuye a través de los consumos energéticos del edificio, la elección de materiales y las vías de certificación como LEED. En el frente Social, los indicadores relevantes tienen que ver con el confort de las personas – térmico, acústico, visual – y la calidad percibida del lugar de trabajo. En el frente Gobernanza, entran en juego la transparencia en las decisiones de diseño y la eficiencia en el uso de la superficie, que es una magnitud medible. Ninguno de estos datos emerge por sí solo: hay que recogerlo con método.
La medición del bienestar: entrevistas, encuestas, datos de uso
El pilar Social del ESG tiene que ver con las personas. Pero «el bienestar de los trabajadores» es una declaración. Para hacerlo medible hacen falta entrevistas y encuestas estructuradas: con nuestra encuesta reconstruimos el día tipo de cada equipo, recogiendo la calidad del confort, la adecuación de los espacios a las actividades, las necesidades expresadas y latentes. El resultado es un conjunto de datos que fotografía el estado actual y puede repetirse en el tiempo para medir los progresos tras una intervención. Ese mismo dato alimenta el dimensionamiento de los entornos de trabajo y la elección del ratio de escritorios compartidos.
Eficiencia y gobernanza: el estándar BOMA
¿Cuántas personas alberga realmente este espacio, en relación con su superficie? La respuesta depende de cómo se miden las áreas. El estándar BOMA (Building Owners and Managers Association) aporta criterios compartidos para medir las áreas – distinguiendo áreas de trabajo, áreas de apoyo y espacios comunes – y permite comparar la eficiencia de espacios distintos sobre una base objetiva. Aplicarlo significa disponer de un dato limpio sobre el uso del patrimonio inmobiliario, útil en los reportes de sostenibilidad y en las decisiones de optimización de los espacios que inciden en la letra Gobernanza del ESG.
ESG también en producción
Los objetivos ESG pasan también por los edificios productivos: consumos, materiales, calidad de los entornos de trabajo en planta. Una nave sostenible y bien gestionada es parte de la estrategia. Ver Arquitectura industrial: la nave como proyecto.