Cuando una empresa decide reformar sus oficinas, la primera decisión que toma – a menudo sin saberlo – es la más determinante: a quién pone al frente del proyecto. El decorador, el general contractor y el space planner son tres figuras con competencias distintas, y la diferencia no es de precio ni de categoría profesional. Es una diferencia de método y de punto de partida.
Tres figuras, tres lógicas distintas
El distribuidor de mobiliario organiza el espacio en torno al producto que vende: su valor es el conocimiento del catálogo y la capacidad de configurarlo. La elección correcta cuando el espacio ya funciona y hay que renovarlo sin cuestionar el planteamiento general.
El general contractor coordina suministros y obra bajo un único contrato, simplificando la gestión operativa. Su valor está en la ejecución: plazos, costes, una interfaz única con el cliente. Da por supuesto que el proyecto ya está definido.
El space planner – y esta es la distinción que importa – parte de la organización antes que del espacio. Su tarea es sintetizar las necesidades de la empresa en una distribución que las habilite: no distribuir mobiliario, sino definir cuántos entornos de trabajo se necesitan, de qué tipo, en qué proporción y por qué.
| Distribuidor de mobiliario | General contractor | Space planner | |
|---|---|---|---|
| Punto de partida | El producto de catálogo | El proyecto ya definido | La organización y los datos, antes que el espacio |
| Ámbito de competencia | Organiza el espacio en torno al mobiliario y configura el suministro | Coordina suministros y obra bajo un único contrato | Traduce las necesidades en entornos de trabajo dimensionados según encuestas, jornada tipo y BOMA |
| Cuándo conviene | La distribución ya funciona y solo hay que renovarla | El proyecto está, hay que realizarlo | La parte difícil es decidir cómo debe funcionar el espacio |
| Posición e incentivos | Incentivo sobre el catálogo vendido | Incentivo sobre suministros y proveedores contratados | Sin incentivo sobre el suministro: del lado del cliente |
Las tres figuras comparadas: punto de partida, competencia, cuándo conviene y posición respecto al cliente.
El criterio: método y medición
La pregunta útil para orientarse es esta: ¿la parte difícil de mi proyecto es elegir el mobiliario, gestionar la obra o decidir cómo debe funcionar el espacio? Las tres respuestas corresponden a tres figuras distintas. En los proyectos complejos las figuras trabajan juntas, pero en un orden preciso: el proyecto define primero, el suministro y la obra realizan después.
Para nosotros "definir" significa partir de los datos. Con entrevistas y encuestas reconstruimos la jornada tipo de cada equipo – cuántas horas de concentración, cuánta colaboración estructurada, cuánto tiempo informal – haciendo emerger las necesidades expresadas y las latentes. A partir de ahí dimensionamos los entornos de trabajo y las áreas de apoyo según el estándar BOMA, que traduce las necesidades detectadas en superficies objetivas y verificables. El resultado es un proyecto fundamentado en datos reales.
Mapa de relaciones sobre la distribución CBD: las áreas de proximidad agrupan los entornos de trabajo por afinidad, los puntos de confluencia señalan dónde se encuentran los flujos.
Del lado del cliente
El space planner que usa los datos como base del proyecto trabaja en una posición estructuralmente distinta de quien vende productos o coordina obras: no tiene incentivos sobre el catálogo elegido ni sobre los proveedores contratados. Esto le permite permanecer del lado del cliente durante todo el proceso – desde la fase de análisis preliminar hasta la dirección de obra – y valorar las decisiones en función de los objetivos de la empresa, no de los márgenes del suministro.
Es el mismo principio que guía nuestro enfoque del Community Based Design: el espacio como herramienta que habilita a las personas, dimensionado según cómo trabajan de verdad.
Proyectar y realizar, con un solo equipo
La distinción entre las tres figuras no termina con la entrega del proyecto. ARCHIlabs reúne arquitectos, ingenieros – mecánicos y eléctricos – y urbanistas, y en la fase de ejecución gestiona la dirección de obra, la dirección artística, las pruebas y las actividades especializadas. El mismo equipo que leyó los datos y diseñó el espacio sigue su realización, sin traspasos entre quien proyecta y quien construye.