Durante años nos hemos preguntado cómo debe funcionar una empresa antes de dibujar sus oficinas. La misma pregunta vale para una casa: ¿cómo se vivirá realmente aquí? Diseñar los espacios de vida partiendo de las personas que los habitarán, y poner la calidad antes que la rentabilidad, cambia el resultado durante décadas.
Una casa tampoco es neutra
Una casa es mucho más que metros cuadrados que vender. Es el lugar donde las personas crecen, descansan, envejecen; cambia la calle a la que da y el barrio en el que se inserta. Como toda arquitectura, habilita u obstaculiza: la luz, la relación con el exterior, los espacios compartidos, los recorridos deciden la calidad de los días de quienes vivirán allí.
Partir de quien vivirá allí, antes que del máximo volumen edificable
La forma más rápida de obtener beneficio de una operación residencial es exprimir el máximo volumen edificable del solar. Es una vía legítima, y a menudo una oportunidad perdida. Nosotros empezamos por el otro extremo: por las personas que habitarán los espacios y cómo vivirán. La misma lógica que usamos para el trabajo – entender las necesidades reales, expresadas y latentes, y traducirlas en espacios – vale para el habitar. De ahí se derivan las dimensiones de las viviendas, los espacios compartidos, la relación entre lo privado y lo colectivo.
Calidad que perdura
Una casa se juzga con los años. La elección de los materiales, la eficiencia energética, el confort ambiental y la capacidad de adaptarse con el tiempo marcan la diferencia entre un inmueble que envejece mal y uno que conserva su valor. Diseñamos edificios sobrios y duraderos, de bajo consumo y altos estándares de sostenibilidad, porque la calidad del habitar es también una inversión que se sostiene en el tiempo.
Operaciones Éticas: el habitar como ecosistema
En nuestros proyectos, esta idea tiene un nombre: Operaciones Éticas. Promovemos y desarrollamos operaciones con fines sociales – residencias de estudiantes, viviendas para mayores, vivienda social – pensadas para transformar la percepción de «lugar» en un ecosistema dinámico, donde la calidad del habitar viene antes que maximizar la rentabilidad. Es la prueba de que los proyectos residenciales pueden construirse con las personas y la comunidad en el centro.
En una línea
Diseñar bien una casa significa partir de las personas que la habitarán y del contexto en el que se inserta, y elegir una calidad que perdure. Vale para una sola casa como para un barrio: el habitar, como el trabajo, merece diseñarse en torno a las personas. Esto es lo que queremos decir cuando decimos your space our project.