La inteligencia emocional se cultiva con la formación y la práctica de las personas. El espacio incide en el estado en el que operan esas capacidades: la privacidad acústica y visual y los lugares para el encuentro informal hacen posibles las conversaciones que en otro sitio se evitan.
El espacio y el clima relacional
Los lugares informales – la cocina, un área de descanso, un pasillo con algo donde detenerse un momento – son donde se construyen las relaciones fuera de la estructura jerárquica. La presencia o la ausencia de estos espacios moldea el clima organizativo de forma concreta: una oficina compuesta enteramente por puestos de trabajo y salas de reunión formales no deja lugar para el intercambio lateral, para ese tipo de conversación que no tiene agenda. El Community Based Design nace precisamente de esta observación: la plaza, la calle, los lugares del encuentro no planificado son ingredientes de diseño, no decoración.
Privacidad y conversaciones difíciles
No toda conversación cabe en un espacio abierto. Un feedback directo, una tensión que aclarar, un momento de dificultad personal: estos intercambios piden un lugar que ofrezca privacidad acústica y visual. En muchas oficinas esos lugares no existen – o existen solo como grandes salas de reunión, que de todas formas exponen a quien las usa. Salas pequeñas, áreas cerradas, espacios que reducen la imprevisibilidad acústica: son entornos de trabajo que hacen posible lo que sin ellos se pospone o se evita.
Cómo lo medimos
La encuesta del día tipo devuelve información precisa sobre cómo y dónde ocurren las interacciones: cuántos encuentros son formales, cuántos informales, cuántas conversaciones requieren privacidad. A partir de ahí diseñamos los entornos de trabajo en la proporción justa – lugares de encuentro, áreas de pausa, espacios protegidos – sin dar por supuesta de antemano una distribución.